viernes, 2 de enero de 2009

Un siglo de las 12 uvas en la Nochevieja

La costumbre española, adoptada en numerosos países de Latinoamérica, de tomar las uvas al ritmo de las 12 campanadas de la Nochevieja, para contribuir a la prosperidad y felicidad del Año Nuevo, va a cumplir un siglo.Para ver hechos realidad los deseos, el ritual manda que se despida el año tomando las “12 uvas de la suerte”, una por mes, al compás de cada una de las 12 campanadas del reloj, que marcan la medianoche del 31 de diciembre.La creencia popular sitúa el origen de esta tradición en 1909, cuando la extraordinaria cosecha de uvas de esa temporada llevó a los viticultores españoles a repartir el excedente y alentar el consumo para atraer la buena suerte.Sin embargo, como suele pasar con las tradiciones, hay argumentos discrepantes. En esos años, a principios de siglo, había hambre y por tanto hablar de excedente es arriesgado, teniendo en cuenta además que las cosechas de uva por entonces eran pequeñas.Pero, sobre todo, “con los medios que había en la época, llegar a finales de año con uva fresca era muy difícil, e imposible que se llegase a tener abundancia o excedente”, dijo Luis González, director del Consejo Regulador de la Denominación de origen Uva de Mesa embolsada, de Viñalopó.Viñalopó es una comarca de la provincia de Alicante y “es la zona que se recuerda de más antigüedad de viñedos de uva de mesa, que no de vino”, explicó González, para quien no hay datos que confirmen ni el lugar ni la fecha ni el año del inicio del ritual.En el impulso al consumo masivo de uva en esta época tuvieron mucho que ver los cosecheros, que fueron capaces de promocionar hábilmente sus productos, mucho antes de que se desarrollaran las técnicas de ‘marketing’.En esa comarca del levante español, los mayores sí recuerdan que alguien les contó que algún lugareño guardó, como singular y exquisito postre para la cena de Nochevieja, granos de uva suficientes como para que cada comensal los tomara cuando el reloj diera la medianoche.¿Esa cena pudo ser en el 1909? “No hay constancia, pero a partir de ahí pudo funcionar el ‘boca a boca’ y se puede hablar de la generalización de la costumbre a partir de los años veinte, más aún hacia los años cuarenta, que coinciden con la puesta en marcha de la técnica de embolsado de racimos, que permite retrasar un mes el proceso de maduración de la uva”, señaló el directivo.Lo que es indiscutible es el progresivo protagonismo navideño de estas bayas comestibles, fruto de la vid, ricas en antioxidantes, fósforo, potasio, hierro y vitaminas, de las que se consumen en España, en la última semana del año, entre un millón y medio y dos millones de kilogramos.El centenario postre de la cena de San Silvestre se fue incorporando de forma imparable a los festejos populares y espontáneos, para despedir un año y recibir al siguiente en las plazas de los pueblos, donde se concentraban los vecinos para escuchar juntos las 12 campanadas del reloj más emblemático del lugar.Madrid no fue una excepción y cuentan las crónicas que, en la Nochevieja de 1930, el mismísimo Alfonso XIII, abuelo del rey Juan Carlos I, se mezcló con los madrileños y recibió al nuevo año en la Puerta del Sol, en pleno centro de la capital de España.Una treintena de años después, y perfectamente arraigada la popular fiesta que se montaba bajo el reloj de la Puerta del Sol, llegó la bendición definitiva de la unión de hecho entre campanadas y uvas: el 31 de diciembre de 1962, Televisión Española comenzó a transmitir las 12 campanadas.Desde ese reloj, el paso de un año a otro dura 36 segundos y 60 centésimas, tiempo para tomarse una a una las 12 uvas, que en 1997 se les atragantaron a muchos españoles debido al ritmo frenético de las campanadas, que sonaron en solo 17 segundos.Los emigrantes van con sus costumbres de un lugar a otro, como es el caso de los 260 000 españoles que viven en Argentina, la mayor colonia española en el exterior. La fruta se asoma también a las nocheviejas de Latinoamérica. Los enigmas en torno al origen de las 12 uvas afianzan aún más la leyenda y, como se dice popularmente, para augurar una larga espera, “nos van a dar las uvas” intentando aclarar quiénes y cómo hicieron de la uva un postre estrella, sin necesidad de aderezo.
Año Nuevo occidentalTradicionalmente, el calendario romano comenzaba el primer día de marzo. Sin embargo, era en enero (el undécimo mes) cuando los cónsules de la antigua Roma asumían el gobierno. Posteriormente, el calendario gregoriano mantuvo la costumbre del 1 de enero y la celebración se caracterizó con un significado religioso durante la Edad Media y siglos posteriores.Con la expansión de la cultura occidental al resto del mundo, durante el siglo XX, el 1 de enero se convirtió en una fecha de carácter universal, incluso en países con sus propias celebraciones de Año Nuevo (por ejemplo, China).En la actualidad, el Año Nuevo es una de las principales celebraciones en el mundo. Grandes eventos se realizan en las principales ciudades durante la Nochevieja (víspera), acompañados con los más grandes eventos de pirotecnia. Los eventos más grandes del mundo se centran en Sídney, Hong Kong, Londres, Nueva York, Río de Janeiro, São Paulo y Viña del Mar (Chile).En la cultura de Hispanoamérica existe una gran variedad de tradiciones y supersticiones para estas fechas, como forma de augurios para el año entrante. El descorchar una botella de champán a la 0:00 del 1 de enero se mantiene como un símbolo de celebración del Año Nuevo.La fiesta de Año Nuevo está íntimamente relacionada con la celebración de Nochebuena, Navidad y Hannukah. Debido a la cercanía entre estas. Se considera a la última semana del año como inicio del período de vacaciones, ya sea de invierno (en el Hemisferio Norte) o de verano (en el Hemisferio Sur).

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